La Argentina hoy…se ve como la veía Ortega y Gasset, quién visitó nuestro país varias veces en la década del 20 y , tuvo la honestidad intelectual de decir y escribir lo que pensaba de sus habitantes, y queria mucho a nuestro país. Ortega decía que el sudamericano propende mucho al narcicismo, usando de las cosas como un espejo donde contemplarse. “De aquí que, en vez de penetrar en su interior – decía Ortega – se queda siempre en la superficie ocupado en dar representación de si mismo y ejecutar cuadros plásticos”. Hay en el argentino un apresurado afán por reformar todo, la sociedad, el estado, la universidad, la seguridad, “sin previa reforma y construcción de la intimidad”.
En realidad el argentino es una máscara, vive en el mundo de la apariencia. “El argentino actual – decía Ortega en 1929 – es un hombre a la defensiva”, frase que usó como título de uno de sus más agudos ensayos sobre la Argentina.
A esa falta de autenticidad, a ese hablar “por delante de las cosas”, a ese excesivo apego al que dirán, a esa incapacidad de entregarse a las cosas, a esa enfermiza devoción por su imagen, atribuye José Ortega y Gasset la raíz de varios males que aquejaron… y continuan aquejando a la Argentina hoy.
El vivir en la apariencia tenía por único objetivo para el argentino “su avance en la fortuna y jerarquía social” y la Argentina hoy, continúa teniendolo.
Al haberse consolidado en ela sociedad la práctica de vivir sin autenticidad – “propensión tan extraña” según Ortega – el argentino se empeño en subrayar” su papel público. A este tipo de ser humano “le preocupa en forma desproporcionada solo su figura o puesto social”. Como la gran mayoría ocupa un lugar no enteramente merecido por sus capacidades, están en constante alerta ante el apetito de los otros, es…un hombre a la defensiva.
Vivir desde y para la apariencia es una mantenticidad que atañe a lo personal, es una forma de disminuir la plenitud, de burlar la búsqueda de la identidad, de mutilar la expresión de las energías más íntimas del ser.
“En cambio, su intimidad (la de interlocutor argentino) no está allí. Lo que vemos es, pues, una máscara y sentimos el azoramiento acostumbrado al hablar con una careta. No asistimos a un vivir espontáneo. Su comportamiento nos parece en parte demasiado pueríl para ser sincero, en parte demasiado repulido para ser también sincero. En suma, notamos falta de autenticidad. La palabra, el gesto no se producen como naciendo directamente de un fondo vital intimo, sino como fabricados expresamente para el uso externo.
“Lo dicho significa meramente que a este tipo de hombre le preocupa en forma desproporcionada solo su figura y puesto social. Lo excesivo de semejante preocupación sólo se comprende si admitimos dos hipótesis: 1) – que en la Argentina el puesto o función social de un individuo se halla siempre en peligro por el apetito de otros hacia él y la audacia con que intentan arrebatarlo; 2) – que el individuo mismo no siente su conciencia tranquila respecto a la plenitud de títulos con que ocupa aquel puesto o rango. Es natural que donde ambos factores existan sea frecuente esa actitud inquieta, soliviantada y defensiva. El argentino típico no tiene más vocación que la de ser ya el que imagina ser. Vive, pues, entregado, pero no a una realidad, sino solo a una imagen. Y una imagen no se puede vivir sino contemplándola. Y en efecto, el argentino se está mirando siempre reflejado en la propia imaginación. Es sobremanera Narciso. Es Narciso y la fuente de Narciso. Lo lleva todo consigo: la realidad, la imagen y el espejo.
Así nos describía Ortega, J. L. Borges, y otros grandes escritores, y esto lo hacían en los años 1920/30/32, y hasta hoy 2009, la Argentina hoy…no hemos cambiado seguimos siendo individuos con máscaras, sí, individualistas, sin ver a nuestra República Federal Argentina con Gobernantes, que se hayan avocado en brindarle a los argentinos, educación, formación, salud, seguridad, valores, “la culpa de todo, es nuestra por no saber Botar y Votar”, reclamando nuestros derechos y recuperar lo que nos robaron…solo continuamos siendo individuos que no sabemos hacia donde vamos.